¿Hacia dónde vas Servicio País?

En esta columna quiero hacer una crítica al Programa Servicio País. Antes de partir quiero manifestar tres cosas; 1. fui Servicio País el año 2013 en un pequeño pueblo de la Región de Los Ríos; 2. soy fan del programa, me gusta y lo promuevo entre casi todas las personas que conozco y; 3. me siento una voz autorizada para realizar el presente regañadientes, en ningún caso por mi trabajo realizado durante ese año que realicé el programa, sino que -paradójicamente- por la historia que comenzó el día que terminó para mi Servicio País.

Antes de volver a mi ciudad natal quise conocer Chile y realicé un viaje por casi la totalidad de las regiones (algo ya conté en esta columna anterior). Como tenía poco presupuesto fui preguntando región por región -vía Facebook- a compañeros Servicio País si me podían recibir. Cuento corto, viajé por todo Chile sin pagar un solo peso por alojamiento. Desde ese día Servicio País -y hasta el día de hoy- se transformó en mi propio Airbnb, pero gratis claro.

Y así fue como pude conocer a más de 50 compañeros y compañeras con la misma motivación, energía y sueños, pero en distintos escenarios geográficos. Algunos bajo el sol de Pica, otros bajo la nube de Balmaceda. Algunos creían que era un infiltrado de la fundación para hacer un diagnóstico sobre la realidad comparada de los serviciospaís actuales. Sólo era un viajero, pero el diagnóstico lo hice igual. Por inercia.

El principal punto común en que la mayoría confluía era la necesidad de generar más relaciones entre los profesionales. Casi todos querían conocerse más entre compañeros con una misma visión de vida. Con compañeros que creen con hechos y no con palabras en el concepto de desarrollo local. Queremos y necesitamos ser comunidad. Si bien el ciclo concluía con una gran jornada nacional, para la mayoría ese espacio era necesario pero no suficiente.

La historia cuenta -transmitida de manera oral- que antes todo se iniciaba con una gran jornada nacional en Picarquín. Todos los profesionales se conocían ex ante de iniciar la aventura. Desde ahí se generaba un gran vínculo, compromiso y amor por el programa. En la práctica -me imagino- todo terminaba convirtiéndose en un gran carrete. Las críticas a esa época era que existía poca eficiencia económica y técnica de las intervenciones (no olvidar que el programa se financia con recursos públicos). Con el correr de los años se fue instaurando la necesidad de generar mayor control en la gestión, por lo cual esta práctica se eliminó dejando una jornada inicial sólo entre compañeros de región, pero con una jornada nacional final para intercambiar experiencias ex post. En esa época estuve yo.

En mi último viaje por Chile volví a ocupar mi Airbnb personal y conocí a nuevos compañeros. Para mi sorpresa me enteré que la jornada nacional para finalizar cada ciclo ya no va más. Más allá de manifestar mi sentido rechazo a esta medida y criticar su implementación -aunque se amparé en razones económicas- quisiera dejar esta columna a medio terminar bajo la siguiente pregunta abierta; ¿hacia dónde vas Servicio País?

Ñuñoa, 07 de marzo de 2017

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