Cómo un agricultor se convierte en poeta

En Lanco tuve la oportunidad de conocer a don Narciso Martiní, un poeta local de gran reconocimiento. Al escuchar su presentación, quien menciona cómo en un comienzo era agricultor, pero luego descubrió su talento y pasión por la poesía, me quedé pensando la suerte que tuvo don Narciso en descubrir su talento a tiempo y empezar a crear cultura y arte a través de sus poemas.

En ese momento me pregunté ¿cuál es la probabilidad hoy en nuestro país de que un agricultor se convierta en poeta? Quizá dicha probabilidad cada vez tiende más a cero. No es difícil identificar posibles  causas a dicha tendencia. Veamos; educación desigual convertida en un negocio, centralismo exacerbado, pérdida de valoración a nuestras raíces y pueblos originarios, oligopolio de tierras  por parte de forestales, entre muchas otras causas que desincentiva la creación de nuevos poetas en distintos rincones de Chile, obligando a habitantes de una determinada comunidad a buscar sólo espacios para sobrevivir.

A don Narciso lo conocí en una asamblea en el marco de la construcción participativa de un Plan Municipal de Cultura, un espacio de todo un día para conversar sobre la cultura local, tiempo que hoy muy pocos están dispuestos a entregar. He ahí donde comprendí que don Narciso no tuvo suerte, su encuentro con la poesía no fue casualidad, sino causalidad de una preocupación y ocupación de preservar, relevar y potenciar el desarrollo e identidad local. Él señala que no escribe por riqueza, sino para demostrar que en el campo también hay gente que genera conocimiento.

En efecto, quien no olvida sus raíces e invierte tiempo y preocupación para mejorar su territorio tiene mayores posibilidades de encontrar distintos talentos.

¿Por qué? Hoy dada la configuración de nuestra sociedad, en donde la educación, y en general todo se debe adquirir a través del dinero la única fuente de aprendizaje gratuita y de calidad es la relación entre los propios vecinos, reconociendo y admirando su territorio y sus raíces y preocupándose continuamente por su desarrollo. Ahí es donde se encuentra una  riqueza inmensa y multidisciplinaria para aprender nuevas miradas y rubros.

No hay duda que tenemos que seguir trabajando colectivamente para poder asegurar todos los derechos esenciales de toda la sociedad, en especial educación, y aumentar las probabilidades de que todos tengamos más opciones y miradas, sin embargo, en paralelo  nunca debemos olvidar el deber individual que cada uno de nosotros tiene: la preocupación constante por el territorio al cual pertenece.

Lanco, 04 de noviembre de 2013

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